Ser idiota o parecerlo

Febrero 10, 2009

Spam para hoy…

Archivado en: cortos, socioapa-vida — socioapatia @ 5:23 pm

Hambre para mañana. Se apunten, coño. Que yo puedo… EJEM

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Y si no son cortometrajistas, en vez de quejarse aquí, lo hacen con gracia e ingenio en cualquiera de los cortos subidos, que hay 3 premios de 500 euros a los mejores comentarios. Así que déjense de comentar aquí, que es gratis, y se ponen como locos a darle a los del ABC.

Enero 28, 2009

Muertes estúpidas de mentes privilegiadas (III)

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«Ockham y su naranja» Tabla mameluca del s.XIV

Filosofía y frutas: una mágica ecuación que nos ha dado grandes satisfacciones a los espíritus inquietos que lejos de conformarnos con cubrir nuestras necesidades primarias, cultivamos el conocimiento y gustamos de la meditación y el estudio. Cuestiones de importancia trascendental como el libre almendrío, la ya clásica naranja de Occam, el estado de cereza filosófica del que tanto dudaron los escépticos, por no mencionar a los sabios alquimistas en busca de la pera filosofal, han despertado nuestro más apasionado interés y nos han ayudado a responder a los grandes interrogantes de nuestras, en ocasiones, atormentadas almas. Pero (ay) cualquier dicha es efímera, las parcas siguen hilando en su rueca infernal y mientras nos recreamos con nuestras insignificantes frutas como cerdos en el lodo, la muerte planea sobre todos nosotros y puede lanzarse en picado en cualquier instante. Es más, lo hará.

Por eso y porque la historia de la humanidad ha sido prolija en vidas insulsas, que han dado como resultado muertes idem, creía necesaria esta galería de muertes estúpidas de mentes privilegiadas. La belleza universal, la que resiste a cánones estéticos pasajeros y moralidades con fecha de caducidad, es la de lo disparatado, lo imperfecto y lo absurdo. Toda esta lista de cadáveres torpes, irracionales y esperpénticos tiene como fin animaros a añadir el vuestro propio a la pirámide que la historia construirá algún día con todas estas muertes insensatas. Que los humanos que hayan destacado prediquen con su ejemplo y sus muertes sean el molde de las piezas con las que se construya. Da igual si las generaciones futuras nos colocan en los cimientos del edificio o en la cúspide, nuestras anécdotas pervivirán en un monumento imaginario a la estupidez humana, eso que ni los ingleses de la Edad Media nos pueden quitar y que los de los 70 tan bien aprecian.

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Enero 23, 2009

Muertes estúpidas de mentes privilegiadas (II)

Qué clase de monstruosidad es esa de disfrutar con la muerte ajena. Quien, como nosotros, aprecia la belleza retorcida del señor de la guadaña, ha abierto una brecha fatal entre él y el resto de la sociedad. Se empieza riéndose de una muerte deliciosamente cruel y absurda, y se acaba robando, fumando demasiados porros o pasándose con la bebida y faltando a las sagradas reglas de la educación y la convivencia pacífica. Nada para el que queda subyugado por el encanto superficial de las muertes anecdóticas tiene importancia y los años que resten hasta la suya propia serán una espiral descendente de autodestrucción, verdades relativas, sexo sin amor, palabras malsonantes y comportamiento peligroso en general. Quién sabe si manejado por los hilos invisibles con los que la muerte controla a sus marionetas, no acaba asesinando a pobres inocentes pisándoles el dedo gordo del pie o impidiendo que la víctima de su oscura ofrenda a la parca vaya al cuarto de baño a mear tranquilamente.

Dicho esto y sabedores de que somos los hijos predilectos de Mefisto, los lacayos de la desesperación y el hastío, los integrantes más despreciables de una larga estirpe de sádicos que comenzó con la risa enferma de la serpiente cuando persuadió a Eva de que mordiese el fruto prohibido, seguimos con la lista de gente que la diñó en bizarras circunstancias.

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Enero 21, 2009

Muertes estúpidas de mentes privilegiadas

Petrarca decía que una hermosa muerte honra a toda una vida. Pero ¿qué muerte es hermosa? Los más hogareños contestarán “rodeado de los míos”, los solitarios “escuchando a mi grupo favorito” y  los abnegados  “sacrificándome por otros”. Los más escatológicos dirán que con una erección en una mano y una revista porno en la otra, como en ‘Clerks‘.  Los menos previsores como Sarah Polley en  ‘Mi vida sin mí‘ , cumpliendo una lista de deseos antes de estirar la pata…  Un montón de opiniones subjetivas que no pueden hacerse universales y mucho menos expresarse sin quedar atrapado en un pantano de tópicos y referencias previsibles.

¿Dónde se esconde pues la esencia de una muerte original y bella?  ¿Cómo tener la seguridad de que alguien ha palmado con estilo?  Odio hacer preguntas retóricas para las que no tengo respuesta, pero la idea de toda esta farfolla  era preparar el terreno para lo que de verdad quería:  hacer otra lista con fotos tamaño-sello de cerebritos que murieron de forma idiota e innegablemente bella.  Suicidios involuntarios, cabezonerías, y regates del destino con más poesía y fuerza lírica que Gwyneth Paltrow vestida de ninfa leyendo a Rubén Darío en un campo de nenúfares.  Muertes que nos recuerdan la (oh) fragilidad de la vida y lo absurda y divertida que puede ser a veces la parca.

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Enero 17, 2009

Más cara que espalda

Archivado en: socioapa-vida — socioapatia @ 3:42 pm
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Cuando escribía en este blog, era un periodista sin periódico. Ahora que escribo en un periódico, soy un bloguero sin blog. Socioapatia porque lo desatiendo y ESTE OTRO porque lo comparto con cuatro personas más. He puesto a prueba (demasiadas veces) vuestra paciencia y tengo menos crédito que el señor del vídeo, pero para los lectores que sean como los de la foto de arriba, vuelvo a linkar el OTRO BLOG EN EL QUE ESCRIBO. Al resto, pediros paciencia y comprensión. “Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”.

Ahh… y LUCIENTES. BLOG DE LOS PREMIOS GOYA EN ABC.ES

Diciembre 4, 2008

Grandes Perdedores de la Humanidad III

LA TRISTE HISTORIA DE UN CÓMICO OLVIDADO

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NOTA: Esta entrada fue pensada, escrita y publicada antes de que el autor tuviese constancia del libro “Yo, Fatty” que acaba de salir y al que reseñan todos los suplementos culturales de los periódicos del reino.

Roscoe Conkling Arbuckle, más conocido como “Fatty” Arbuckle, fue una de las primeras estrellas de Hollywood, en los tiempos del cine mudo y en la prehistoria de la comedia. Para que os hagais una idea de a qué tiempos remotos nos referimos, él fue el inventor del gag del tartazo en la cara.b777f25776ffa9076e44fcfd776fatty-arbuckle

Fatty Arbuckle nació en Kansas en 1887 y comenzó a hacer películas en 1909. Sus 140 kilos (un peso que más tarde tuvo que mantener por obligación contractual) le arrastraron a la comedia. Pero Fatty era mucho más que un gordito gracioso: la expresividad de su cara y sobretodo, su facilidad para los saltos y las acrobacias a pesar de su obesidad, le convirtieron en una estrella adorada por todos. Fatty Arbuckle fue el primer actor de Hollywood en cobrar un millón de dólares anuales, una cantidad que impresiona bastante más si ajustamos la inflación.

En 1917 convenció a Buster Keaton, por aquel entonces un joven actor de vodevil, para que se lanzase a la aventura de hacer películas. Se hicieron amigos inseparables y en la pantalla, el delgado y cara-de-palo Buster Keaton se convirtió en el complemento perfecto para el orondo e histriónico Arbuckle. Juntos formaron la primera pareja cómica del cine y dieron luz al género slapstick: Keaton y Arbuckle protagonizarían infinitud de cortos donde resbalaban, tropezaban, se golpeaban y rodaban por escaleras. Y los tartazos en la cara.

Fatty Arbucle estaba en la cima de su carrera en 1921: tremendamente famoso, millonario, enamorado de su esposa y aunque llevase un ritmo de trabajo enfermizo que le obligase a rodar tres películas simultánemente, podemos pensar que era razonablemente feliz. Estaba llamado a entrar con negritas en la historia del cine, hasta que una muerte sórdida y un periodista sin escrúpulos le arruinaron la carrera y la vida.

LA MUERTE DE VIRGINIA RAPPE

El 5 de Septiembre (día del trabajo en EEUU) de 1921, Arbuckle y dos amigos montaron una fiesta en un hotel de San Francisco. A la fiesta, entre otros, acudieron Virginia Rappe, una aspirante a actriz de 28 años, acompañada de su amiga Maude Delmont, una señora con un amplio historial policial como chantajista. A las tres de la madrugada, Arbuckle fue al baño de su habitación para cambiarse, y se encontró a Virginia Rappé inconsciente en el suelo. La recogió, e imaginándola borracha, la acostó en su cama. Cuando salió del baño, Virginia se había caído de la cama y chillaba desesperada.

1b38828b98d1f41256fb07bbc39rappe1Todo el mundo entró a la habitación para ver lo que pasaba, incluída Maude Delmont, completamente borracha. Concluyeron que Virginia estaba seriamente enferma y decidieron llamar a un médico. Una vez llegó, Arbuckle pensó que su deber para con la actriz estaba cumplido y abandonó el hotel para dar un paseo con una amiga. En contra del consejo del médico, Maude Delmont se negó a trasladar a Virginia Rappé a un hospital. Pasaron los días y el estado de salud de Rappé no hacía sino empeorar, así que finalmente ingresó en un hospital para morir dos días más tarde. Los médicos determinaron que le estalló la vejiga y murió de peritonitis. Esa vegija daría mucho que hablar en los siguientes meses. Un par de días después de la muerte, Maude Delmont, la amiga chantajista de Rappe, denunció a Roscoe Arbuckle por la supuesta violación y muerte de Virginia Rappe.

Tan pronto como se conoció la noticia de la detención de Arbuckle, entra en escena el cuarto personaje: William Randolph Hearst, un señor que merecería un artículo aparte y que me propongo escribir en breve. Desde el San Francisco Examiner, periódico que le había regalado su padre, quien a su vez lo consiguió en una partida de póquer (¿veis como merece la pena otro artículo?) Hearst montó una operación de acoso y derribo a Arbuckle. Una estrella de Hollywood que viola y asesina a una jovencita era algo demasiado jugoso como para preocuparse por la verdad. La historia de un sádico asesino oculto tras la fachada del simpático gordito que hacía reir a América. Venderían millones de periódicos. Y harían tantas otras veces el juego de palabras que los más listos ya habeis descubierto; “Rape” es violar y la chica se apellidaba Rappe.

TRES JUICIOS MÁS UNO…

Sin una sóla prueba que apuntase a la violación y el asesinato, Hearst se subió al delirio amarillista y carente de la más mínima ética. Primero se dijo en su periódico que la gigantesca barriga de Arbuckle fue la causante de reventar la vejiga de Victoria Rappe. No había ninguna prueba que apuntase a una agresión sexual y ya se especulaba con la postura. Pero que la violación hubiese sido un simple misionero no parecía algo lo suficientemente repulsivo para los plumillas de Hearst: días más tarde el representante de Rappe declaró que la supuesta violación había sido llevada a cabo con un objeto, probablemente una barra de hielo. Y el San Franciso Examiner dio rienda suelta a su imaginación convirtiéndo ese misteriosa barra de hielo en una botella de Coca Cola, que más tarde mutaría a botella de champagne. Por supuesto, ninguna de estas truculentas teorías era cierta y ni siquiera se mencionaron en el juicio, pero los periódicos de todo Estados Unidos les dedicaban titulares.cuartetodemierdas1

El fiscal encargado del caso, tuvo repetidas entrevistas con Maude Delmont, la amiga de Rappé que denunció a Roscoe Arbuckle, en cada una de las cuales Delmont daba una versión distinta de lo que sucedió. Exasperado por la frágil memoria de la señora (alzada a la categoría de heroína en los periódicos por ser capaz de enfrentarse a la estrella más brillante de Hollywood) y azuzado por una opinión pública más que caldeada, el fiscal consiguió llevar adelante el caso con una única prueba, si puede considerarse tal. En su lecho de muerte, Rappe supuestamente le había dicho a una amiga, Zev Prevon: “Roscoe me hizo daño”. Una acusación ridículamente frágil. La fiscalía y numerosas organizaciones en defensa de la moral, pedían la pena de muerte por homicidio y violación premeditada, pero el juez rebajó los cargos a algo parecido a homicidio involuntario (no existe en España la figura legal equivalente a Manslaugther)

periodicosCon la opinión pública completamente manipulada en contra de Arbuckle “gracias” al “periodismo” de Hearst, finalmente se llevó a cabo el juicio en Noviembre. Los testigos de la acusación se mostraron dubitativos y todos los indicios sobre la implicación de Arbuckle en la muerte de Virginia Rappe se demostraron inconsistentes. Además se descubrió que la vida de la señorita Rappé no había sido precisamente sana: problemas con el alcohol y las drogas, sospechas fundadas de que padecía una enfermedad venerea y numerosos abortos a lo largo de su vida, el primero con 15 años, el último, poco antes de aquel 5 de Septiembre.

El veredicto del jurado requería unanimidad y no se consiguió por muy poco; 10-2 a favor de la inocencia de Arbuckle. Tendría que repetirse. La campaña mediática capitaneada por Hearst redobló sus esfuerzos y el segundo juicio terminó con otro 10-2, esta vez a favor de la culpabilidad. Finalmente, la defensa sacó toda su artillería en el tercer juicio, volvió a comparecer Arbuckle como testigo y que Zed Prevon (la testigo que afirmaba haber oído a Victoria Rappe inculpando a Arbuckle) hubiese huido del país se lo pusieron fácil al jurado. Tardaron únicamente seis minutos en declarar a Arbuckle “No culpable”.

A lo largo del proceso estirado durante ocho meses Fatty Arbuckle perdería casi todos sus ahorros, su casa y sus coches. Por supuesto, mientras estaba en la cárcel no pudo rodar películas y una vez liberado, sólo un ingenuo creería que volvería a tomar su carrera en el punto en la que la dejó. El escándalo de la botella había dejado su imagen pública por los suelos. Los cines se negaban a proyectar sus películas antiguas y William Hays, el presidente del órgano de autoncensura de Hollywood, prohibió oficialmente que Roscoe Arbuckle participará en nuevos films. La prohibición fue levantada pocos meses más tarde, pero Arbuckle seguiría en una lista negra no escrita hasta su muerte.

Además de perder ingentes cantidades de dinero, su empleo y su estatus de estrella, le abandonó su mujer, perdió a casi todos sus amigos y cayó en el alcoholismo. No es una frase hecha, su propia ex-mujer estaba desolada con la borrachera sin fin del desdichado Arbuckle. Volvió a casarse y se divorció dos años más tarde. Buster Keaton intentó ayudarle dándole pequeños trabajos en sus películas, pero Fatty estaba en el fondo del pozo. En todos aquellos trabajos, aparecía con seudónimo en los títulos de crédito. Nadie quería ni ver su nombre escrito.

Ya en 1933 dirigió y protagonizó para Warner Brothers una serie de seis cortos de dos rollos cada uno, que fueron contra todo pronóstico, un éxito en EEUU. El 29 de Junio del mismo año, firmó un contrato para un largometraje con la Warner: diez años después del escándalo, parecía que al fin Fatty iba a recuperarse. Él mismo declaró “este es el dia más feliz de mi vida” Y el último. En la madrugada de ese día, sufrió un ataque al corazón y murió mientras dormía.

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LEGADO Y PLAGIOS

Resumiendo, a Arbuckle le fueron maravillosamente bien las cosas hasta que un día estuvo en el lugar menos indicado en el momento menos oportuno Le acusaron de un asesinato que ni fue, ni él cometió. Millones de personas se rasgaron las vestiduras entonando su vicio y corrupción, perdió su fortuna, su mujer y sus amigos y vivió el resto de su vida desdichado. Si se perdona el juego de palabras chusco, de no haber muerto Virginia Rappe, Arbuckle habría sido inmortal. Ahora sólo es una anotación marginal en los libros de cine y si es famoso es por el escándalo, que actúa como una losa a cualquiera que se acerque a sus cortos.

Por si fuera poca la historia de desgracias, mala suerte e hijos de puta que se cruzaron en su camino, al bueno de Arbuckle le adelantaron por la izquierda, por la derecha y sin las luces puestas un montón de cómicos novatos que él ayudó a lanzar al estrellato. El Gordo y el Flaco fusilaron sin misericordia en espíritu y en gags a la pareja que Arbuckle formaba con Buster Keaton(que habría muerto actuando en algún polvoriento teatro de Alabama de no ser por la ayuda y los consejos de Arbuckle) Antes del escándalo, aconsejó y tuteló en Hollywood a un jovencísimo Charles Chaplin, que copiaría los zapatones, los pantalones holgados y el sombrero de bombín del “traje de guerra” de Arbuckle para su famosísimo personaje de vagabundo. En los años post-escándolo vió actuar a Bob Hope y tiró de los pocos contactos que le quedaban para que ese chico de 19 años tuviese su sitio en Hollywood. A la postre, Hope sería el cómico más popular de la primera mitad del siglo. Su descubridor, moriría olvidado por los que estaban destinados a adorarle. Maldita botella de coca-cola

Más información y fuentes: Wikipedia (inglés/castellano) El Blog Ausente, truTV Crime Library, Arbucklemania, About.com

En anteriores capítulos de Grandes Perdedores de la Humanidad:

Kevin O’Connell: el perdedor de óscars.

Guillaume le Gentil: astronomía gafe.

Noviembre 29, 2008

Suicidios literarios

¿Vacaciones en Polonia es una revista? ¿Un fanzine? ¿Un libro gordo de petete contracultural y por entregas? Ni la menor idea, pero estos polacos son geniales, aunque se animen a publicar con una periodicidad comparable con la que el que escribe va a clase. Cada número de Vacaciones en Polonia son 200 páginas heterogéneas, llenas de textos con tipografías raras y atrevidas, desde poemas hasta ensayos filosóficos, muchas viñetas e ilustraciones y un espíritu de batiburrillo mezclado con rigor intelectual que me suliveya.

En su número 3: Suicidios y Literaturas, hacen un repaso exahustivo sobre el suicidio en la literatura, la literatura suicida y los literatos que acabaron suicidándose. Entre otras cosas, recopilan textos de grandes pensadores sobre la cuestión, hay artículos monográficos sobre generaciones de escritores proclives a inmolarse y (aquí quería llegar yo) una Suicipedia, con perfiles biográficos de más de 300 escritores que se quitaron la vida. Inspirándome en esa Suicipedia, me complace presentarles los:

PREMIOS SOCIOAPATÍA A ESCRITORES SUICIDAS

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Saludos, damas y caballeros. Nos encontramos en este marco incomparable de un blog semi-abandonado para hacer entrega de los premios Socioapatía a suicidios de escritores que, por diversas causas, merecen la pena ser recordados y galardonados. Premiamos suicidios, no escritores, porque el jurado no ha tenido tiempo de leer ni a la mitad de la mitad de los insignes literatos reseñados. En cambio, como muestra de su cutrez y superficialidad, sí que se ha molestado en buscar y cotejar los datos de los suicidios. Sin más dilación pasamos al reparto de premios, no sin antes recordarles que esta fantástica gala está patrocinada por Vacaciones en Polonia.

Premio al suicidio más espectacular

mishima1Yukio Mishima (1925-1970) Enamorado del pasado de Japón y enemigo acérrimo de la sociedad nipona occidentalizada de post-guerra , sus novelas destilan un aire rancio y conservador en sus peores pasajes, poético y espiritual en los mejores. Su obra más importante es la tetralogía de novelas El mar de la fertilidad‘. El 25 de Noviembre de 1970, después de entregar a su editor el manuscrito del libro que completaba la saga, Mishima se dirigió con tres compinches a un cuartel del ejército japonés. Entraron en la oficina del general, le ataron a una silla y Mishima salió al balcón del despacho. Anunció que estaba dando un golpe de estado y empezó a leer su lista de demandas, que incluían la vuelta del emperador. Los soldados se mofaron de él, y Mishima, dentro de la oficina, se practicó el suicidio ritual del seppuku rajándose el vientre. Un suicidio lento y doloroso, en el que los jugos gástricos van poco a poco corroyendo los órganos. Cuando ya había sufrido lo bastante, y siguiendo las normas que indica el ritual, un compinche intentó cortarle la cabeza, pero falló por tres veces. A la cuarta, consiguió separársela del cuerpo.

Premio al suicidio más tonto

berryman2John Berryman (1914-1972) El autor de ‘Homage to Mistress Broadsheet’ tuvo desde niño una relación cercana con el suicidio. A los 12 años descubre el cadaver de su padre, que acaba de pegarse un tiro. Esta imagen inspira sus famosas 77 canciones del sueño poemario que acabó ganando el Pullitzer de poesía. Junto con His Toy, His Dream, His Rest publicado en 1968, conforman su libro Dream Songs al que debe gran parte de su fama. Aunque Nick Cave sea fan suyo, los que le conocieron hablaron de su caracter imposible: perverso, alcóholico y manipulador. En 1972, sumido en la desesperación salta al Missisipi desde un puente de Minneapolis, con tan mala suerte que no cae al agua y muere asfixiado con la cabeza atrapada en el barro de la orilla.

Premio al suicidio más ordenado

robert_e_howard_suit1Robert E. Howard (1906-1936) No tan olvidado autor de novelas baratas, aunque las veces que se le recuerda siempre es por tres cosas: fue íntimo amigo de Lovecraft, creó el personaje de ‘Conan el bárbaro’ y perpetró un meticuloso suicidio. Cuando su madre entró en coma, Howard primero asegura el futuro de su obra, después pide prestado un revólver y pregunta a un médico sobre las posibilidades de sobrevivir a un disparo en la cabeza. La víspera de su suicidio reserva tres nichos en el cementerio local (uno para su madre agonizante, otro para su padre anciano y un tercero para él mismo) y al día siguiente se dispara un tiro en la cabeza en el interior de su coche. En su nota de suicidio reproduce unos versos que escribió cuando tenía 10 años, así que imaginamos que también los tenía a mano y preparados para el momento fatídico.

Premio al suicidio con más sentido del humor

izzi2Eugene Izzi (1953-1996) Escritor de novelas policiacas, plantea su suicidio como un enigma para la policía, que casi parece sacado de uno de sus libros: En la madrugada del 7 de diciembre de 1996 se cuelga de la ventana de un piso catorce de un edificio céntrico de Chicago. A la mañana siguiente, la policía acude y confundida, encuentra que el cadaver de Izzi lleva puesto un chaleco antibalas. En los bolsillos de la chaqueta del ahorcado encuentran puños americanos, un spray anti-violadores y varios disquettes con parte de su obra. Cuando entraron en su casa, descubrieron varias pistolas cargadas, así como otras pistas falsas.

Premio al suicidio más dificil

jozsefattilaAttila József (1905-1937) Este atormentado y revolucionario poeta húngaro no destacó en vida por su suerte o habilidad con los suicidios. El primer intento de acabar con su vida fue ingiriendo cincuenta aspirinas, que aparte de espantosos dolores de estómago no le causaron gran daño. La siguiente vez, tragó un veneno que resultó inocuo. La tercera, se tumbó en las vías de un tren, pero fracasó porque el tren había atropellado a otro suicida antes y se había detenido. Ya por fin en su cuarto intento consiguió poner fin a su vida dejándose arrollar por un tren, que esta vez no paró.

Premio al suicidio más visionario

lafarguePaul Lafargue (1942-1911) Casado con la hija de Marx, Lafargue fue el introductor del socialismo en España; sin mucho éxito por la popularidad de las ideas anarquistas en aquella época en nuestro país. Aparte de escribir la obra maestra (aquí el jurado sí que habla con conocimiento de causa) El derecho a la pereza, dedica toda su vida a difundir la obra de su nuero. En su nota de suicidio escribe “Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años” No entramos en la cuestión de si puede considerarse un triunfo del marxismo o no, pero apenas seis años más tarde los bolcheviques se hicieron con el poder en Rusia.

Premio al suicidio más freudiano

mew1lindsay1Ex-aequo: Vachel Lindsay (1879-1931)/Charlotte Mew (1869-1928) Poeta estadounidense y vagabundo él, es célebre por ser uno de los primeros en sentar las bases de la crítica cinematográfica, así como por su poema onomatopéyico The Congo. Poetisa inglesa a caballo entre la lírica victoriana y la moderna ella, fuma, viaja sola y se viste como un hombre, para escándalo de los idem de aquel tiempo. Poeta él y poetisa ella, comparten un método de suicidio sorprendente: ambos se beben una botella de Lysol, un desinfectante vaginal de la época, para acabar con sus vidas.

Premio al suicidio más molón

180px-mainlaender2Philip Mainländer (1831-1876) Nacido fruto de lo que él mismo describía como una “violación dentro del matrimonio” se cambia el apellido paterno por el de Mainländer (habitante de la región del Mena) en cuanto tiene oportunidad. Con 19 añitos lee a Schopenhauer y se transforma su vida; decide hacerse filósofo y llevar las ideas de su compatriota hasta el delirante extremo de proclamar la virginidad y el suicidio para evitar que se propague el dolor existencial durante más tiempo y más generaciones. Después de escribir su obra magna La filosofía de la rendención Mainländer se ahorca usando los primeros ejemplares que recibe del editor como pedestal.

Premio especial Socioapatía al suicidio con el que el jurado se siente más identificado

raimund_ferdinand1Ferdinand Raimund (1790-1836) De orígen muy humilde, su rostro acabó en los billetes de 50 chelines austriacos. Dramaturgo nacional del país centroeuropeo, consiguió la celebridad por criticar y hacer sátira de las costumbres de sus contemporáneos. Pese a tanta risa y tanta mala baba a costa de los (para él) grotescos austriacos, acaba suicidándose por motivos bastante ridículos: le muerde un perro y aterrorizado ante la posibilidad de haber contraído la rabia, acaba con su vida.


Premio al suicidio más exagerado

raymondroussel11Raymond Roussel (1877-1933): Un dandy viajero, millonario y drogadicto publica Locus Solus e Impresiones de África, con un inimitable estilo basado en la homofonía. Aunque más que por su obra se le recuerda por ser autor de cabecera de los surrealistas, los oulipo y los escritores de la nouveu roman. A la hora de su suicidio no quiso dejar abierta la puerta al fracaso. Según cuenta Leonardo Sciacia (su único biógrafo) ingiere 16 ampollas de Somnothyril, quince de Sonéryl, diez de Hypalène, once de Lutonal, ocho de Phanadorme, una caja de Declonol, un frasco de Hyrpholene, diez ampollas de Neurinare y doce de Veriane para suicidarse. Sobra decir que lo consigue.

Premio al suicidio más poético

silvjoseJosé Asunción Silva (1865-1896) Romántico tardío o modernista primitivo, este poeta colombiano de corta e influyente obra, escribe Nocturnos, fragmentos de los cuales aparecen en cualquier antología de poesía hispanoamericana. Corta obra porque en un naufragio, pierde casi todos sus escritos, la inmensa mayoría de los cuales no habían sido aún publicados. Este hecho y la muerte de su hermana Elvira, quien se cree que fue su gran amor, le trastocaron profundamente y se vio empujado al suicidio. Un día antes de suicidarse de un disparo, le pide a su médico, el doctor Manrique, que le dibuje sobre la piel el lugar exacto que ocupa el corazón.

Premio al suicidio más aparatoso

13051-004-2808acc8Nicolás de Chamfort (1741-1794) Escritor parísino, brillante y mundano es mucho más conocido por sus citas y epigramas que por cualquiera de sus libros. Durante la Revolución Francesa, se opone al Terror de Robespierre y es encarcelado durante un breve periodo de tiempo. Aterrorizado ante la posibilidad de volver a ser detenido y procesado, se pega un tiro en el paladar, con tan mala suerte que se destroza la nariz y la mandíbula pero no se mata. Toma entonces un abrecartas de su escritorio y se apuñala varias veces en el cuello, sin éxito. Desesperado, lo intenta en el pecho y en la pierna, pero pierde la consciencia antes de conseguir matarse. Lo encuentra su criado en un charco de sangre y Chamfort acabará sus días en un hospital entre, imaginamos, un dolor considerable.

Premio especial “ni el apuntador”

quirogaHoracio Quiroga (1878-1937) A la tierna edad de tres meses es testigo de como su padre se quita la vida disparándose en la cabeza con una escopeta. Su madre vuelve a casarse y después de cinco años de matrimonio, el padrastro se suicida con idéntico método al que había usado su padre biológico. Con el tiempo, el joven Quiroga se hace profesor de castellano en el Colegio Británico de Buenos Aires y se casa con una alumna, que en 1915 se suicida bebiendo un líquido para revelar fotografías. Mantiene un breve idilio y una larga amistad con Alfonsina Storni (quien se suicidaría 20 años después arrojándose al mar) en la siguiente etapa de su vida. Un amigo le consigue el puesto de cónsul de Uruguay en la capital porteña, y lo pierde después de que el mismo amigo se suicidase. Un año y un día antes de que se quite la vida su gran amigo Leopoldo Lugones (arsénico), Quiroga ingiere una dosis letal de cianuro. Poco más tarde se suicidaría su hija mayor, Eglé y a su único hijo varón, Darío, le tocó el turno en 1951.

Premio al suicidio más misterioso

michaeldorris2Michael Dorris (1945-1997) Una especie de santo en vida: Dorris fue uno de los primeros en interesarse por el estudio de los indios de norteamerica. En 1971 se convierte en el primer hombre soltero de Estados Unidos que adopta un niño, aquejado este de un síndrome alcóholico fetal. Su lucha por salvar a su hijo se convierte en la novela El cordón roto. Tras adoptar a dos niños más, enfermos del mismo mal, se casa con la escritora Louise Erdrich. Pero su impoluta imagen pública no duraría para siempre; en 1995 uno de sus hijos adoptivos acusa a la pareja de abuso sexual. Poco después el matrimonio se rompe y Dorris se suicida ingiriendo una mezcla de somníferos y vodka y atándose una bolsa de plástico a la cabeza. El hijo retiró los cargos y Louise Erdrich se negó a hacer declaraciones. Probablemente nunca se sepa qué pasó en esa familia.

Premio al suicidio más estúpido

1a-0401michael-strunge1Michael Strunge (1958-1986) Poeta noruego influenciado por The Cure y Joy Division (¿Robert Smith es una influencia literaria válida?) se convierte en el bardo de culto de los góticos nórdicos. En una de los permisos para salir del psiquiátrico en el que lleva ingresado cinco años, Strunge salta desde la ventana del piso de un amigo. Sus últimas palabras fueron “¡Mirad! ¡Puedo volar!”.

Octubre 16, 2008

Los hombres que no amaban a las mujeres

Hoy vengo a hablar de libros. Lo suyo sería que escribiese del Premio Planeta que acaban de dar al Schopenauer de la Concha y a Ángela Vallvey (no le he puesto mote ni creo que fueraís capaz de reconocerla por el que se me ocurriese) pero el Planeta me da un poco igual. Otro día que esté inspirado intentaré explicar por qué si todas las obras participan con seudónimo, siempre ganan escritores famosos. Y nunca repiten.

Digo que hoy venía a hablar de otra cosa. Seguramente alguno/a ya haya leído ‘Los hombres que no amaban a las mujeres‘ un bestseller de misterio de un escritor sueco que llegó hace poco a las librerías. Para quien no lo conozca, parte de la gracia del libro es que el autor, Stieg Larsson, era un santo varón. De orígen muy humilde, se hizo periodista y se dedicó a destapar escándalos que relacionaban a importantes empresas suecas con grupos de ultraderecha y trató temas feministas y anti-racistas. Ni en España ni en Suecia un héroe de esas características (lo digo sin ningún sarcasmo) puede llevar una vida muy fácil: compartía un piso cutre con su pareja, con quién no se casó para protegerla de las amenazas de sus múltiples y peligrosos enemigos. En los huecos que le dejaba su valiente trabajo, el bueno de Stieg escribía novelas policiacas. Un fatídico día de 2004 le dio un infarto y murió de la manera más tonta al poco de cumplir 50 años. Dejó completas tres novelas de una serie que esperaba extender hasta diez. De esas tres, en España de momento sólo se ha publicado la que da título al post.

¿Por qué los escritores póstumos siempre aparecen en blanco y negro en la foto de la solapa? ¿Les hace parecer más muertos? En el sentido de las agujas del reloj, Keneddy O’Toole, Roberto Bolaño, Stieg Larsson y Alberto Méndez.

Los hombres que no amaban a las mujeres‘ es un gran best-seller con todo lo bueno y lo malo de este género. Lo bueno: que leerlo da un placer dificilmente descriptible: engancha, no puedes paras de leer, te agarra de las solapas y no te suelta… hay un montón de frases hechas para definirlo. Está muy bien construído, la prosa es ágil y el protagonista… ay el protagonista: todos queremos ser cómo él. Un hacha en la cama, honrado, sincero y con un don para resultar enormemente simpático pese a ser un dechado de virtudes. Introduce bastante bien algunos temas novedosos para el género, no digo cuales.

Lo malo es también lo de siempre: muy poco estilo, ninguna frase brillante y párrafos que se repiten cada veinte páginas para los lectores distraídos. Personajes estereotipados (otra hacker antisocial no, por Dios), repetición de esquemas clásicos (thriller empresarial + habitación cerrada), solos de guitarra en cuerdas (¿otra vez psicópatas obsesionados con la Biblia? ) mil veces tocadas y una historia que avanza a base de cliffhangers chungos (”No pudo dar crédito a lo que estaba viendo” o ” De repente, tras revisar las pistas durante horas, se hizo la luz en su cabeza” o “y sacó una pistola del bolsillo”)

Es un buen libro y recomiendo que lo leaís. El problema es que se está derramando tal cantidad de flores (¿debería decir lefa?) sobre el autor y el libro, que si haceis como yo, y leeis sobre él antes de empezarlo, igual os sentís decepcionados. Lo digo porque en la Wikipedia lo comparan con Guerra y Paz, los reportajes de periódicos recojen declaraciones de sabios discutiendo si es el Sherlock Holmes de hoy en día, la mejor novela del siglo XXI o si mola más que la Biblia (¿tiene sentido la comparación?). Juan Cruz, por supuesto, a lo suyo. Se escribe y reescribe por todas partes que ha sido un fenómeno de ventas en todo el mundo y hay legiones de fans. Bueno, yo me considero un fan y os digo que todo eso son chorradas y probablemente trucos de márketing más propios del Premio Planeta que de un análisis serio.

Leedla y comentais. O me comentais sin leerla. O la leeis sin comentar. O todo lo contrario

Octubre 5, 2008

Gadgets 1.0

Esta mañana he estado viendo Asesinato por decreto, una película de Sherlock Holmes bastante maja y un poco especial. No está basada en ningún libro de Arthur Conan Doyle y además el caso que ocupa a nuestro detective son los asesinatos de… ¡Jack el Destripador!

No es ninguna obra maestra, pero mezclar a estos dos tipos tenía que molar por necesidad y la ambientación está muy conseguida. Por otro lado, si os habeis interesado un poco por Jack el Destripador y las prostitutas de Whitechapel, nada os sonará a nuevo: la teoría sobre la identidad del asesino es la misma que en el cómic de Alan Moore, la peli de Johnny Deep y el ensayo de Stephen Knight.

Pero lo que me fuerza a hablar de esta película es la bufanda de Sherlock Holmes. Las pelis victorianas suelen ser un cajón de sastre de armas delirantes e imaginativas: bastones-espada, pistolas de dardos envenenados, estilográficas-navaja… Pero nunca había visto nada parecido a esto:

¡La bufanda sangrienta! ¡Usada por los Tugs (?) una secta de feroces asesinos hindués! Buah… demasiado. En el clímax de la película veremos a Sherlock repartir hostias con su pashmina asesina y comprobaremos que no es tan efectiva como creía Watson.

Da un poco lo mismo, el arma mola igual. Para ver estas cosas y más, os dejo el enlace de la película. Y que alguien me regale una bola de plomo para tunearme las bufandas y que no me vuelvan a robar el móvil.

Octubre 4, 2008

Pastiches Socioapatía Inc. Parte I

Parte I: Por una barra de pan

Sin duda en los días que corren llenos de prodigios tecnológicos como la máquina de vapor o la comida enlatada, las capacidades analíticas son consideradas por el hombre corriente como simples ideas para mover enormes bultos o conservar un morro de cerdo en salsa de cebollas, pero la razón y el análisis de los hechos pormenorizados llevan a cierto tipo individuo especial a llegar a conclusiones que la mayoría de nosotros consideraría preternaturales. Lo que para un simple paseante despistado puede ser una simple hoja caer de un árbol, para un avezado observador puede ser lo que le conduzca a las siete ciudades perdidas de Cibola (1).
En una calle normal de la capital francesa en el año de 18.. se dio la extraña coincidencia de algunas cosas bastante raras. Mi amigo Monsieur C. Auguste Dupin, era uno de esos hombres con las extraordinarias características que les he narrado antes. Tenía extrañas costumbres y sólo salía de noche. Yo le acompañaba porque me agradaba su compañía, pues yo me condescendía de sus muchas bizarreries. He decir que yo soy una bestia parda, que bebo, fumo opio, me peleo y me huele el aliento, cosas que parecían no importar a mi inteligente amigo, porque (entre ustedes y yo) Dupin estaba siempre tan ensimismado factorizando la realidad, que no se daba cuenta de nada de lo que no quería darse cuenta.

Un día dábamos un paseo y nos encontramos a un policía llamado Javert. Mi amigo, afectuoso aunque distante, se puso un guante y le dio la mano. Yo tiré a una alcantarilla el cigarrillo de hash que estaba fumando en la madrugada, vaya que el guripa me detuviera. Nos contó el caso de un execrable crimen, una canallada tal que haría vomitar al propio Aníbal el Huno (N.del E: el gran conquistador de Persia) y a toda la pléyade de corrompidos y sanguinarios emperadores de la Roma más decadente. Un insufrible ejemplo de la denigración más execrable de la condición humana. Había ocurrido a unas manzanas de allí, en el mismo París, en una calle llamada, para más inri, Morgue.
Alguien había robado… ¡una hogaza de pan!

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