Una hija para el Diablo
Richard Windmark (Valerio Stroganoff en la película) es uno de los productores de televisión más famosos del país. Sus debates moderados por Urdaci y los críticos e innovadores programas de denuncia política presentados por Manuel Campo Vidal le han reportado enormes beneficios y un prestigio incalculable. Pero los tiburones se mueren si dejan de nadar y Valerio (que es El Gran Blanco de la comunicación) busca inquieto nuevas fórmulas que revienten las audiencias. Un día pagando en la gasolinera, se fijó en un cura que curioseaba en el estante de revistas pornográficas. Impactado por su halo de espiritualidad y sus humildes andares, le invitó a un café y a que le contase algo de su vida.
El cura (a la sazón Christopher Lee) le explicó que estaba en una importante misión; era el especialista en niñas endemoniadas del Vaticano y estaba recopilando datos para un nuevo censo de mujeres pre-púberes poseídas por el Diablo. En ese momento, una bombilla se encendió en la mente de Stroganoff: Harían un cásting por toda la piel de toro para encontrar a las niñas más endemoniadas y las meterían en una academia para que perfeccionasen sus habilidades y su comunicación con Lucifer. El director de la Escuela sería el cura Manuel y desarrollaría un exigente programa de actividades para que las criaturas madurasen su potencial y encontrasen su lugar en un mundo no siempre agradable para ellas. El público votaría a sus sacrílegas favoritas por SMS hasta que en la gran final, se invocaría al Maligno delante de las cámaras que recogería a su alumna más aventajada para que disfrutase de una beca en el Infierno. El reallity se llamaría “Una Hija para el Diablo”
El programa fue un éxito desde la primera emisión. Las niñas competían como fieras por masturbarse con crucifijos de la forma más realista posible o hablar en lenguas desconocidas con total fluidez. Los picos de audiencia rozaban el techo de las gráficas cuando alguna niñita satanizada entraba en comunicación directa con el Diablo, y todas las colegialas de España llevaban fotos de su sacrílega favorita (la deportista, la empollona, la “liberal”…) en sus carpetas .Visitaron la Academia grandes emisiarios de Satán en la Tierra, como Bisbal o Christian Castro, que les dieron consejos muy útiles para aproximarse al Demonio sin perder el apoyo del público ni la gente que “siempre ha estado ahí”.
Finalmente llega la Gala Final. Se prepara todo lo necesario para invocar a Luzbel: sacrificios de cabritos en directo, velas negras, nigromantes de todos los puntos del mundo… pero en el momento de clímax del ritual algo falla y en vez del Diablo aparece el Espíritu de Ermua. El público en el plató ruge, los teléfonos de la cadena arden con las llamadas de espectadores indignados y las niñas poseídas por una furia asesina convierten el estudio en un amasijo de cables rotos y pulpa de carne humana. La policía consigue acordonar el edificio, pero una de las niñas (la liberal) consigue salir agonizante a través de las cloacas por lo que por la enfermiza lógica de las películas comerciales de Hollywood, alguien descubrirá que está embarazada, le hará una cesarea antes de que el feto muera y educará en su casa a la protagonista de una segunda parte de la película, aún más diabólica que su madre.
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Que Dios bendiga al diablo.
Ahí me falta una Curri Valenzuela en plan guest star. ¡Muy buena iniciativa!
Siento lo de la entrada de anoche, jefe. A ver la próxima vez…