Una historia real de pornografía sentimental
Volvía yo una noche borracho a casa; paseando y solo, que es como más se disfruta. Desde Atocha no me había cruzado más que con tres o cuatro personas, todos sudamericanos con castañas en el cuerpo aún más grandes que la mía. Al pasar por un parque, vi a una mendiga con la cara cubierta de llagas que no me quitaba la vista de encima “Oh, es La Parca” pensé (soy tan miedoso como pedante cuando bebo) e intenté apartar los ojos.
Pero me encontré con algo aún más aterrador, un hombre que caminaba haciendo eses delante de mí con algo alargado en la mano que las farolas hacían que le saltaran destellos plateados. “Hostia, menuda navaja que lleva ese” e intenté aminorar el paso para que no se percatase de mi presencia. Pero desde mi posición privilegiada me dediqué a observarle, parecía un hombre de unos 40 años, llevaba ropa barata, pero se notaba que se había arreglado. ¿Un yonki enseñando una navaja del tamaño de un cuchillo jamonero andando sólo por la calle? Demasiado poco verosímil hasta para mi imaginación. Gracias a sus dificultades para andar en línea recta, conseguí por fin descubrir que era lo que llevaba en la mano. Una rosa envuelta en papel de celofán.
El cocainómano navajero se convirtió al instante en mi mente en el divorciado que vuelve a la casa de su ex-mujer a pedirle que vuelva con él. Un personaje de una canción de Sabina; un alcohólico enamorado y sin mucho dinero, que mientras pasea por Madrid piensa el discurso que soltará para enternecer al portero automático. ¿Por qué lo dejó con su mujer? ¿La bebida? ¿Le pegaba? ¿Le ponía los cuernos? No hay chinos que vendan rosas en mi barrio ¿desde dónde vendría? ¿En que barra había estado llorando y de qué se había arrepentido?
Habían pasado ya un par de minutos y el hombre no había cruzado de acera. ¿Será vecino mío? Por fin se paró delante de un semáforo y conseguí verle la cara. Era un hombre extraordinariamente feo; con esa ropa, ese peinado con raya y la rosa en la mano era la viva imagen de la derrota. No esperó a que se pusiese verde para los peatones “Vaya, tiene prisa”. A estas alturas yo tenía la piel de gallina, y era capaz de seguirle hasta el portal de su ex-mujer y darle un abrazo si no conseguía que le abriese la puerta. Y seguí viéndole andar cada vez más rápido. “¿No irá a allí no?” “No, imposible” No joder, NO NOOOO. Y saludó al gorila de la puerta y entró en el puticlub
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me ha encantado ramón
siempre me gusta imaginarme la historia de cada persona que va en el metro o por la calle. pero sólo tú sabes hacer que sea un relato xd
yo tengo uno por ahí que ya te enseñaré pero me da mucha vergüenza por el contenido erótico y porque no me convence
un besete
Recuerdo que en mi época de estudiante en Barcelona, un grupo de amigos teníamos la costumbre de sentarnos en los bancos de Las Ramblas y jugar a ponerles profesión, incluso historia, a algunos sujetos que pasaban por delante y que elegíamos al azar. Siempre me ha gustado, más adelante, practicar este ‘deporte’.
En todo caso, fue mejor que tu personaje llevara una rosa a la putita a que fuera un pelmazo arrepentido, dispuesto a amargar la noche a su novia.
Mientras lo leia me imaginaba otra cosa, me imaginaba que el hombre había comprado la rosa a una de esas niñas que vagan solas por la calle vendiendolas para que pudiese volver a casa. Justo ayer pasaba de noche por atocha quizas nos cruzamos
aunque yo no vi ningún hombre con una rosa.
Sería cliente o chulo?
Joer qué imaginación tiene el personal. Pero seguro que la realidad superaba todas las teorías que pudiera imaginarse uno.
Genial, sin duda. Me ha gustado muchísimo. Me encanta pensar en la cantidad de posibilidades que quedan abiertas ahora, desde que el hombrecito de la rosa cruza la puerta del puticlub…
lalalá: Erótico? Se descubren el punto J de lenteJa? xD Estaré encantado de leerlo.
Manuel: Ya, en realidad lo de inventarse la historia de la gente que pasa es más viejo que el mear. Pero siempre quise ser como Sherlock Holmes y adivinar (que no inventar) la vida de la gente solo mediante la observación.
Ojos Tristes: Yo suelo llevar a un ser asexuado con aureola y dos alas llenas de plumas justo detrás de mí cuando vuelvo de juerga. Si no lo viste, es que no nos cruzamos
AV: No podía ser chulo. No he especificado en el relato, pero era un hombrecillo con fácil 3 palmos y 20 kilos menos que yo.
Yuntero: Tu comentario me ha recordado a Luis del Pino jajajaja. No te enfades
Miss Enthropy: Me alegro de que te haya gustado. Habría entrado en ese puticlub para buscar el desenlace de la historia, pero no soy muy bien recibido desde que la única vez que entré fue porque todo lo demás estaba cerrado y necesitaba tabaco. Y así se lo decía a todas las mujeres malas que me salían al paso hasta que encontré la puta máquina (nunca mejor dicho)
Muchas gracias a todos y un beso a cada uno
Jajaja interesante… aunq suelo ser un caso aunq estuviese todo el coro celestial detras tuya cantando el aleluya a pleno pulmon no me habría dado cuenta.
Jajajaja. ¡Qué hijoputismo! Eso me ha dolido. Eres cruel.
Cada día mas grande tu blog Ramón, me siento imbécil posteando historias sobre pañuelos XD, en serio.
Pues, ahora que lo decís, hasta puede resultar interesante eso de tratar de recomponer la vida de los viandantes que nos vamos encontrando por el camino. De inventarla, más bien. Nunca había reparado en ese “deporte”, será porque no tengo imaginación, o porque soy egocéntrica. A lo más que llego es a escuchar ávidamente las conversaciones de los vecinos en mi lugar habitual de vacaciones, a establecer las relaciones que hay entre las distintas personas que coinciden en la playa, o a aventurar si el del 8ºA estará casado, divorciado o arrejuntado de nuevo. Pero eso es normal en mí…. soy de Albacete.
Un magnífico Blog, mi querido futuro periodista.