CUALQUIER TIEMPO PASADO NOS PARECE ANTERIOR
Siguiendo mi maquiavélico plan para convertirme en vuestro crítico de televisión favorito sin encender la caja tonta en semanas, hoy os traigo una serie inglesa diferente a lo que estamos acostumbrados, entre otras cosas porque uno de los creadores es una mujer. Toma ya qué entradilla.

El punto de partida de Life on Mars es tan simple como caprichoso: Sam Tyler, un policía de Manchester, sufre un accidente en 2006. Cuando abre los ojos, está en 1973. Como machaconamente se encarga de recordarnos la cabecera de la serie, Sam no sabe si está en coma, loco o si ha viajado en el tiempo.
Sea lo que sea, tiene que adaptarse a su “nueva vida” en los 70, dónde sigue siendo policía, hasta que consiga descubrir qué está pasando. Pero oye voces en su cabeza y tiene sueños lynchianos, que le torturan día tras día y nos aburren un poco a nosotros.
Así, capítulo a capítulo, resolverá crímenes e iremos poco a poco encajando piezas del puzzle del viaje en el tiempo de Sam, hasta que se nos revele qué es lo que le ha pasado. A diferencia de Perdidos o Héroes, la BBC nos trata como adultos, y la serie tiene un final (vaya pedazo de final, por cierto) tras dieciséis episodios de una hora, de éstos redondos, autoconclusivos y que no importa que veamos en desorden.
De cualquier forma, con un inicio tan original e insultantemente sencillo, a Life on Mars le pierde un desarrollo muy repetitivo, sobretodo en la primera temporada. Sam llega a su “nueva” comisaría de 1973 con sus técnicas CSI y sus modales políticamente correctos y se encuentra con que treinta años atrás, el método policial al uso era ir pegando palizas hasta que apareciese el culpable. Y ahí está toda la chicha de la serie:
Pongamos por caso que en el episodio de hoy ha habido un asesinato (siempre tan tonto e irreal como los de las novelas de Agatha Christie). El comisario cree que ha sido Fulanito, Sam protesta:“Oh Fulanito es inocente y le habéis arrancado la confesión a patadas. Es Menganito”. Sam investiga por su cuenta, acaba a puñetazos con el jefe y resulta que no era ni Menganito ni Fulanito, sino el mayordomo. Y todos a beber al pub.

Acabaría cansando muchísimo más de no ser por las perlas de humor british que salpican toda la serie, el enorme comisario (personaje y actor) y la tensión-sexual-no-resuelta que Sam tiene con una compañera del curro. El resto tiene un aire soso, una pizca de ridículo (como confiesa el propio protagonista) y un puñado de pretencioso.
La ABC ya ha comprado los derechos y el remake americano comenzará a emitirse en Septiembre. Quizás sirva para pulir los defectos de Life on Mars, visto que el spin-off (son íntegros, pero a los perros ingleses también les gusta el dinero) Ashes to Ashes ha sido una cosa mediocre.
No os la recomiendo demasiado, pero este 9.1(?!) en IMDB, que al amigo Hernán Casciari le haya parecido maravillosa y que la sonda Phoenix esté apunto de encontrar “life on Mars” me ha forzado a hablar sobre ella. Bueno, y que no tengo tantos temas para escribir, pero eso nunca se dice.