He descubierto hace poco la serie “The Wire”. La primera temporada (van cinco) es del 2002 así que igual la conocéis más de uno y todo lo que diga no sirve de nada. Para quien no la haya visto; es una serie sobre el departamento de policía de Baltimore, una de las ciudades más pobres y peligrosas de EEUU. Dicho así parece que va a ser una serie de polis cosiéndose a balazos con negros con cara de pocos amigos. Nada más lejos de la realidad. Vaya, realidad. Creo que voy a utilizar mucho esa palabra a partir de ahora.
Supongo que habéis visto CSI: una serie en la que los policías siempre son guapos, no dudan ni fallan, (aunque nunca les veamos dormir). Hablan tanto y tan rápido como “cantan” los acusados, no hay ningún superior que les abronque y no tienen vida personal. Lo que sí tienen son unos medios técnicos que da la sensación de haber sido pagados con la recaudación integra de la agencia tributaria de Las Vegas y un entusiasmo por trabajar que ya quisieran los enanitos de Blancanieves.
¿Conocemos a algún policía así? En The Wire el policía que no está gordo, está viejo o las dos cosas. Trabajan en oficinas polvorientas sin ordenadores, y tienen que remover Roma con Santiago para conseguir pinchar un sólo teléfono. Ni son brillantes, ni idealistas: hacen esto por un sueldo y se marchan a su casa cuando acaba su jornada. Si esa noche deciden ir a un bar, al día siguiente están de resaca en la oficina. Si follan, fanfarronean delante de todos en la máquina de café. Son egoístas, cobardes y corruptibles. Son los “buenos” pero pegan palizas a los “malos” en la sala de interrogatorios si les tocan las narices. Son y se comportan como seres humanos.
¿Y cuántas películas de narcos habéis visto? El narcotraficante es una figura épica y cosmopolita: un criminal internacional con contactos en lugares exóticos y el dinero en paraísos fiscales. Hay glamour decadente, lujo de cartón piedra y chicas guapas. Guerras por el poder, matones bien vestidos y los yonquis son abogados, políticos y beautiful people.
En The Wire los narcos van vestidos en chándal y escuchan hip hop en la radio. El jefe no maneja una pistola desde hace años, no se droga, no conduce coches de lujo y blanquea el dinero en negocios tan excitantes como una tienda de fotocopias. Aunque sea multimillonario vive en un chalet normalito y tiene su “oficina” en el piso de arriba de un local de streaptese cochambroso. Ningún matón tiene más de 30 años y ningún vendedor más de 20. El negocio consiste en adolescentes vendiendo crack de ínfima calidad en las esquinas de las zonas deprimidas de Baltimore a hordas de adictos con los dientes negros y la cara cubierta de llagas. Adolescentes que tienen a su cargo a 6 o 7 hermanos pequeños, pero que no dudan en matar a quien sea a sangre fría. Y tan prisioneros del guetto como los adictos.
The Wire es eso; una serie verosímil y verdadera. Que desmenuza la tragedia complejísima de una ciudad pobre de Estados Unidos, como quien desteje un arco iris (ésta es de Keats). Que trata al espectador como un adulto y no le obliga a aceptar las piruetas de imaginación que imponen otras series. The Wire dice: “La realidad es así: los mafiosos asesinan y explotan a la gente pobre para enriquecerse, víctimas desde que nacieron. La policía no es que no pueda, es que a veces ni sabe hacer algo. La situación va a ser así para siempre mientras haya desigualdades económicas y una élite dispuesta a mirar hacia otro lado. Si te parece fea, tienes mil series y películas con Al Pacino o Johnny Deep haciendo de narcos, y Steve Moqueen o Russell Crowe interpretando al policía. Esto, si no es la realidad, se aproxima mucho.”
No hay diálogos brillantes, ni grandes discursos. El director resuelve una investigación en la escena de un crimen, mediante veinte minutos de planos sin diálogo. No están los grandes soliloquios de CSI “¡Ahá! ¡Aquí está la bala!” mientras vemos la bala en primer plano. Los policías se limitan a decir “fuck” cada vez que descubren una pista; se supone al espectador tan inteligente como para deducir que esa bala que sujeta el policía es una bala sin que éste necesite decirlo y quedar como un retrasado mental.
Revienta y reinventa los códigos de las películas y las series policiales. Los personajes rotan a lo largo de la serie, sin que haya un protagonista claro y no es que sean tridimensionales, es que cada uno tiene más caras que una orla; el asesino más peligroso de todo Baltimore, es un negro sádico con la cara cubierta de cicatrices que no duda en apuntar con su recortada a niños, pero que ama con ternura a su novio (sí, novio) y con una moral tan estricta que le impide disparar a cualquier persona honrada. El detective que dedica toda su pasión a fabricar muebles de casas de muñecas en horas de trabajo, tiene en cambio la mente más afilada de todo el departamento.
Estoy llegando al punto en el que cualquier cosa que pueda decir se queda corta y suena a lugar común. Os pongo el enlace para la primera temporada en versión original, podéis conseguir los subtítulos aquí, y no os puedo prestar las 13 horas que dura, pero me encantaría hacerlo para así poder verlas de nuevo, sin acordarme de nada y que toda ésta maravilla aún fuera un misterio por sorprenderme.



Ya sabe que me la estoy bajando…
La HBO hace buenas series.
Es porque no están pendientes de las audiencias al ser por cable.
Como ya tienen abonados que pagan, jejeje.
El duo Provenza-Flynn de The Closer me hace a mi también gracia. Pero claro, eso es humor puro y duro.
comentario por Mameluco — Julio 4, 2008 @ 10:44 am |
Estaba buscando engancharme a una serie después de haber visto “Californication” y la acabo de encontrar.
Pero mucho tiene que gustarme para desalojar a “Doctor en Alaska” del Olimpo …. Esa serie es insuperable.
comentario por raskolnikoff — Julio 4, 2008 @ 1:20 pm |
Mameluko: Es una serie HBO (no sé si eso quiere decir algo) pero hay poquito humor, le advierto. Y The Wire tiene audiencias espectaculares para ser la serie que es. Sin una sola chica guapa y mucho cincuentón. Ya me entiende usted.
Rasko: Californication! Estaba pensando en hablar sobre ella. No es que me haya encantado, pero tiene su punto. Tengo que ver antes de morir todos los episodios de Doctor en Alaska.
Abrazos
comentario por socioapatia — Julio 4, 2008 @ 5:54 pm |
A Doctor en Alaska, en mi humilde opinión de superfan de la serie, le sobraron capítulos al final.
Es una pena, pero es así.
Cuando Fleishman deja de ser el eje central la serie pierde el Norte (juego de palabra con el título original de la serie,jeje)
Una serie tan buena no mereció esa conclusión.
comentario por Mameluco — Julio 4, 2008 @ 7:45 pm |
Si, cuando viene el doctor nuevo se jode el invento. Menos mal que son sólo los últimos 8 ó 9 capítulos de los 150 que tenía la serie. Aún no me explico como Rob Morrow se pudo ir a medias para fracasar de esa manera en el cine.
Socio, escribe de Californication por favor. Y haz mención de la hija del novio de su mujer. Menuda pantera.
comentario por raskolnikoff — Julio 4, 2008 @ 9:03 pm |
Coñooooo Socio bien hallado (veo que estás productivo)
comentario por Adrian Vogel — Julio 5, 2008 @ 4:12 pm |
Hay varias descripciones de tiempos antiguos por la piedra de poder y él sobre cada uno del las piedras de poder Se describen varios efectos y se han pasado.
- En shui del feng, cristal se ha tratado como una piedra importante (piedra de poder).
comentario por renren — Julio 21, 2008 @ 7:35 am |