LA TRISTE HISTORIA DE UN CÓMICO OLVIDADO
NOTA: Esta entrada fue pensada, escrita y publicada antes de que el autor tuviese constancia del libro “Yo, Fatty” que acaba de salir y al que reseñan todos los suplementos culturales de los periódicos del reino.
Roscoe Conkling Arbuckle, más conocido como “Fatty” Arbuckle, fue una de las primeras estrellas de Hollywood, en los tiempos del cine mudo y en la prehistoria de la comedia. Para que os hagais una idea de a qué tiempos remotos nos referimos, él fue el inventor del gag del tartazo en la cara.
Fatty Arbuckle nació en Kansas en 1887 y comenzó a hacer películas en 1909. Sus 140 kilos (un peso que más tarde tuvo que mantener por obligación contractual) le arrastraron a la comedia. Pero Fatty era mucho más que un gordito gracioso: la expresividad de su cara y sobretodo, su facilidad para los saltos y las acrobacias a pesar de su obesidad, le convirtieron en una estrella adorada por todos. Fatty Arbuckle fue el primer actor de Hollywood en cobrar un millón de dólares anuales, una cantidad que impresiona bastante más si ajustamos la inflación.
En 1917 convenció a Buster Keaton, por aquel entonces un joven actor de vodevil, para que se lanzase a la aventura de hacer películas. Se hicieron amigos inseparables y en la pantalla, el delgado y cara-de-palo Buster Keaton se convirtió en el complemento perfecto para el orondo e histriónico Arbuckle. Juntos formaron la primera pareja cómica del cine y dieron luz al género slapstick: Keaton y Arbuckle protagonizarían infinitud de cortos donde resbalaban, tropezaban, se golpeaban y rodaban por escaleras. Y los tartazos en la cara.
Fatty Arbucle estaba en la cima de su carrera en 1921: tremendamente famoso, millonario, enamorado de su esposa y aunque llevase un ritmo de trabajo enfermizo que le obligase a rodar tres películas simultánemente, podemos pensar que era razonablemente feliz. Estaba llamado a entrar con negritas en la historia del cine, hasta que una muerte sórdida y un periodista sin escrúpulos le arruinaron la carrera y la vida.
LA MUERTE DE VIRGINIA RAPPE
El 5 de Septiembre (día del trabajo en EEUU) de 1921, Arbuckle y dos amigos montaron una fiesta en un hotel de San Francisco. A la fiesta, entre otros, acudieron Virginia Rappe, una aspirante a actriz de 28 años, acompañada de su amiga Maude Delmont, una señora con un amplio historial policial como chantajista. A las tres de la madrugada, Arbuckle fue al baño de su habitación para cambiarse, y se encontró a Virginia Rappé inconsciente en el suelo. La recogió, e imaginándola borracha, la acostó en su cama. Cuando salió del baño, Virginia se había caído de la cama y chillaba desesperada.
Todo el mundo entró a la habitación para ver lo que pasaba, incluída Maude Delmont, completamente borracha. Concluyeron que Virginia estaba seriamente enferma y decidieron llamar a un médico. Una vez llegó, Arbuckle pensó que su deber para con la actriz estaba cumplido y abandonó el hotel para dar un paseo con una amiga. En contra del consejo del médico, Maude Delmont se negó a trasladar a Virginia Rappé a un hospital. Pasaron los días y el estado de salud de Rappé no hacía sino empeorar, así que finalmente ingresó en un hospital para morir dos días más tarde. Los médicos determinaron que le estalló la vejiga y murió de peritonitis. Esa vegija daría mucho que hablar en los siguientes meses. Un par de días después de la muerte, Maude Delmont, la amiga chantajista de Rappe, denunció a Roscoe Arbuckle por la supuesta violación y muerte de Virginia Rappe.
Tan pronto como se conoció la noticia de la detención de Arbuckle, entra en escena el cuarto personaje: William Randolph Hearst, un señor que merecería un artículo aparte y que me propongo escribir en breve. Desde el San Francisco Examiner, periódico que le había regalado su padre, quien a su vez lo consiguió en una partida de póquer (¿veis como merece la pena otro artículo?) Hearst montó una operación de acoso y derribo a Arbuckle. Una estrella de Hollywood que viola y asesina a una jovencita era algo demasiado jugoso como para preocuparse por la verdad. La historia de un sádico asesino oculto tras la fachada del simpático gordito que hacía reir a América. Venderían millones de periódicos. Y harían tantas otras veces el juego de palabras que los más listos ya habeis descubierto; “Rape” es violar y la chica se apellidaba Rappe.
TRES JUICIOS MÁS UNO…
Sin una sóla prueba que apuntase a la violación y el asesinato, Hearst se subió al delirio amarillista y carente de la más mínima ética. Primero se dijo en su periódico que la gigantesca barriga de Arbuckle fue la causante de reventar la vejiga de Victoria Rappe. No había ninguna prueba que apuntase a una agresión sexual y ya se especulaba con la postura. Pero que la violación hubiese sido un simple misionero no parecía algo lo suficientemente repulsivo para los plumillas de Hearst: días más tarde el representante de Rappe declaró que la supuesta violación había sido llevada a cabo con un objeto, probablemente una barra de hielo. Y el San Franciso Examiner dio rienda suelta a su imaginación convirtiéndo ese misteriosa barra de hielo en una botella de Coca Cola, que más tarde mutaría a botella de champagne. Por supuesto, ninguna de estas truculentas teorías era cierta y ni siquiera se mencionaron en el juicio, pero los periódicos de todo Estados Unidos les dedicaban titulares.
El fiscal encargado del caso, tuvo repetidas entrevistas con Maude Delmont, la amiga de Rappé que denunció a Roscoe Arbuckle, en cada una de las cuales Delmont daba una versión distinta de lo que sucedió. Exasperado por la frágil memoria de la señora (alzada a la categoría de heroína en los periódicos por ser capaz de enfrentarse a la estrella más brillante de Hollywood) y azuzado por una opinión pública más que caldeada, el fiscal consiguió llevar adelante el caso con una única prueba, si puede considerarse tal. En su lecho de muerte, Rappe supuestamente le había dicho a una amiga, Zev Prevon: “Roscoe me hizo daño”. Una acusación ridículamente frágil. La fiscalía y numerosas organizaciones en defensa de la moral, pedían la pena de muerte por homicidio y violación premeditada, pero el juez rebajó los cargos a algo parecido a homicidio involuntario (no existe en España la figura legal equivalente a Manslaugther)
Con la opinión pública completamente manipulada en contra de Arbuckle “gracias” al “periodismo” de Hearst, finalmente se llevó a cabo el juicio en Noviembre. Los testigos de la acusación se mostraron dubitativos y todos los indicios sobre la implicación de Arbuckle en la muerte de Virginia Rappe se demostraron inconsistentes. Además se descubrió que la vida de la señorita Rappé no había sido precisamente sana: problemas con el alcohol y las drogas, sospechas fundadas de que padecía una enfermedad venerea y numerosos abortos a lo largo de su vida, el primero con 15 años, el último, poco antes de aquel 5 de Septiembre.
El veredicto del jurado requería unanimidad y no se consiguió por muy poco; 10-2 a favor de la inocencia de Arbuckle. Tendría que repetirse. La campaña mediática capitaneada por Hearst redobló sus esfuerzos y el segundo juicio terminó con otro 10-2, esta vez a favor de la culpabilidad. Finalmente, la defensa sacó toda su artillería en el tercer juicio, volvió a comparecer Arbuckle como testigo y que Zed Prevon (la testigo que afirmaba haber oído a Victoria Rappe inculpando a Arbuckle) hubiese huido del país se lo pusieron fácil al jurado. Tardaron únicamente seis minutos en declarar a Arbuckle “No culpable”.
A lo largo del proceso estirado durante ocho meses Fatty Arbuckle perdería casi todos sus ahorros, su casa y sus coches. Por supuesto, mientras estaba en la cárcel no pudo rodar películas y una vez liberado, sólo un ingenuo creería que volvería a tomar su carrera en el punto en la que la dejó. El escándalo de la botella había dejado su imagen pública por los suelos. Los cines se negaban a proyectar sus películas antiguas y William Hays, el presidente del órgano de autoncensura de Hollywood, prohibió oficialmente que Roscoe Arbuckle participará en nuevos films. La prohibición fue levantada pocos meses más tarde, pero Arbuckle seguiría en una lista negra no escrita hasta su muerte.
Además de perder ingentes cantidades de dinero, su empleo y su estatus de estrella, le abandonó su mujer, perdió a casi todos sus amigos y cayó en el alcoholismo. No es una frase hecha, su propia ex-mujer estaba desolada con la borrachera sin fin del desdichado Arbuckle. Volvió a casarse y se divorció dos años más tarde. Buster Keaton intentó ayudarle dándole pequeños trabajos en sus películas, pero Fatty estaba en el fondo del pozo. En todos aquellos trabajos, aparecía con seudónimo en los títulos de crédito. Nadie quería ni ver su nombre escrito.
Ya en 1933 dirigió y protagonizó para Warner Brothers una serie de seis cortos de dos rollos cada uno, que fueron contra todo pronóstico, un éxito en EEUU. El 29 de Junio del mismo año, firmó un contrato para un largometraje con la Warner: diez años después del escándalo, parecía que al fin Fatty iba a recuperarse. Él mismo declaró “este es el dia más feliz de mi vida” Y el último. En la madrugada de ese día, sufrió un ataque al corazón y murió mientras dormía.
LEGADO Y PLAGIOS
Resumiendo, a Arbuckle le fueron maravillosamente bien las cosas hasta que un día estuvo en el lugar menos indicado en el momento menos oportuno Le acusaron de un asesinato que ni fue, ni él cometió. Millones de personas se rasgaron las vestiduras entonando su vicio y corrupción, perdió su fortuna, su mujer y sus amigos y vivió el resto de su vida desdichado. Si se perdona el juego de palabras chusco, de no haber muerto Virginia Rappe, Arbuckle habría sido inmortal. Ahora sólo es una anotación marginal en los libros de cine y si es famoso es por el escándalo, que actúa como una losa a cualquiera que se acerque a sus cortos.
Por si fuera poca la historia de desgracias, mala suerte e hijos de puta que se cruzaron en su camino, al bueno de Arbuckle le adelantaron por la izquierda, por la derecha y sin las luces puestas un montón de cómicos novatos que él ayudó a lanzar al estrellato. El Gordo y el Flaco fusilaron sin misericordia en espíritu y en gags a la pareja que Arbuckle formaba con Buster Keaton(que habría muerto actuando en algún polvoriento teatro de Alabama de no ser por la ayuda y los consejos de Arbuckle) Antes del escándalo, aconsejó y tuteló en Hollywood a un jovencísimo Charles Chaplin, que copiaría los zapatones, los pantalones holgados y el sombrero de bombín del “traje de guerra” de Arbuckle para su famosísimo personaje de vagabundo. En los años post-escándolo vió actuar a Bob Hope y tiró de los pocos contactos que le quedaban para que ese chico de 19 años tuviese su sitio en Hollywood. A la postre, Hope sería el cómico más popular de la primera mitad del siglo. Su descubridor, moriría olvidado por los que estaban destinados a adorarle. Maldita botella de coca-cola
Más información y fuentes: Wikipedia (inglés/castellano) El Blog Ausente, truTV Crime Library, Arbucklemania, About.com
En anteriores capítulos de Grandes Perdedores de la Humanidad:


Pobre Fatty.
Los gordos del mundo no nos merecíamos esto…
Siempre estamos a tiempo de recomendar Hollywood Babilonia I y II, de Anger, para saber más trapos sucios (sean o no sean verdad) de los oropeles de Hollywood.
Oiga, y lo de Polanski ¿fue o no?
comentario por Mameluco — Diciembre 5, 2008 @ 12:12 am |
Anda, pues yo daba por cierta la historia de la botella, que había leído no me acuerdo dónde, y le tenía mucha antipatía al tipo. Pobre hombre.
comentario por macorina — Diciembre 6, 2008 @ 12:07 am |
Joder, qué rabia da la historia de Arbuckle, del que no conocía nada de nada. A buscar cosas suyas para intentar resarcirle de alguna manera y reconocerle el gran mérito que tuvo. Gracias, Ramón, mola cómo has cogido fuerzas para seguir con esta tarea después del “abandono” de un mes. Welcome back!
comentario por Mara — Diciembre 6, 2008 @ 12:57 am |
Buena historia.
Ese Hearst era un maldito, sabéis que era enemigo jurado de Pullitzer.. el del premio?
Saludos y felicidades,
comentario por La Biblioteca del manicomio — Diciembre 7, 2008 @ 5:48 pm |
Hearst merece un post extensisimo: Ciudadano Kane, el “asuntillo” con España, …. menudo hijo de la grandisima. JLo y cia son amateurs inofensivos a su lado. Hay que desagraviar a Fatty.
comentario por raskolnikoff — Diciembre 7, 2008 @ 6:13 pm |
Rasko: Digo yo que fue. De hecho, la razón por la que los useños no pueden pedir la extradición (creo) es porque él mismo se declaró culpable antes de huir. Le rebajaron los cargos y ahora no pueden pedir a la Interpol que lo detenga.
Macorina: Pues se demostró falsa en 1922 xD Es lo malo de los escándalos, duran aunque ya estén rebatidos.
Mara: Gracias!
Biblioteca del manicomio: Muchas gracias! Sí, en un próximo post me vuelvo a topar con Hearst y explico de pasada los piques que tuvieron.
Rasko: Es que yo sólo sabía las dos cosas que has mencionado y rascando un poco sale mierda y mierda y mierda.
Gracias por comentar
comentario por socioapatia — Diciembre 8, 2008 @ 10:26 am |
Mameluko: Lo que te acabo de contar y que parece que el amigo Roman sólo viaja a paises con acuerdos de extradicción raros con USA. Podría escribir “La guía del fugitivo por pederastia: Cómo conseguí eludir a la justicia después de abusar de una niña”
comentario por socioapatia — Diciembre 8, 2008 @ 10:29 am |
Se prodiga usted poco, pero qué bien escritos y documentados están sus artículos, señor Socioapático. Creo que este especialmente brillante. Felicidades, porque es un placer leerle.
comentario por Isabel Falconetti — Diciembre 8, 2008 @ 1:02 pm |
Parece que van a reabrir el caso para que pueda volver… jejeje
No sé si eso que dice de las extradiciones será así, porque digo yo que Francia y los americanos se cambiaran a los prisioneros como cromos de futbolistas…
comentario por Mameluco — Diciembre 8, 2008 @ 7:49 pm |
Parece todo tan “vintage”, tan retro… me atraen las fotos en blanco y negro
comentario por Juan Paulus — Diciembre 9, 2008 @ 6:58 pm |
[...] Roscoe Arbuckle murió de un ataque al corazón el 29 de junio de 1933, en Hollywood. Solo tenía 46 años. Buster Keaton declaró repetidas veces que Arbuckle había muerto porque le habían roto el corazón. Pocas horas antes había firmado un nuevo contrato con Warner, que le hizo declarar: Hoy es el día más feliz de mi vida. Fue incinerado y sus cenizas dispersadas en el Océano Pacífico (la supuesta tumba de Arbuckle, sita en el Cementerio Woodlawn, en el Bronx, Nueva York, pertenece a Macklin Arbuckle, actor y primo de Roscoe Arbuckle). [...]
Pingback por “Yo, Fatty” de Jerry Stahl « Algún día en alguna parte — Diciembre 13, 2008 @ 9:49 am |
Qué historia tan impresionante, de verdad me conmovió. Dónde queda esa idea de varias corrientes filosóficas de que hay un karma y de que uno recibe lo que ha dado. No hay justicia en este mundo. La prueba de lo que la prensa amarilla puede hacerle a la vida de un hombre, el poder del dinero, o mejor dicho, el dinero en el poder.
Me encantó descubrir este blog!
s.
comentario por Silvi — Diciembre 24, 2008 @ 11:41 pm |
Muy buen post, clarisimo como ninguno q lei con la historia del gordito simpatico de Fatty…
se sabe hoy de su inocencia pero es tare…. una lastima…
no estoy tan de acuerdo con la valia de su arte… me hace reir mucho y sus cortos donde Keaton es casi una 1º figura son buenisimos…
pero tanto Keaton como Chaplin estan a años luz en talento… repito: me encantaba el gordo Fatty y tengo varios de sus cortos…
Keaton le alquilaba el perro (gran actor!) en varios de sus primeros cortos para q haga dinero… y lo tenía tambien como creador de gags y el pagaba sin tener credito en los films…
salu2 master…
comentario por JLO — Diciembre 28, 2008 @ 12:35 am |
La historia de Arbuckle es aterradora. Seguro que lo que le jodió a la tiparraca esa es que nuestro gordito prefiriera irse a pasear que trajinársela. Por otra parte, lo de ganar un periódico al poker es cojonudo. Espero ansioso más detalles al respecto. No sé si es este Hearst o su padre, pero así se llamaba el tipo que promovió la campaña que convenció a la opinión pública estadounidense de la necesidad de arrebatarle Cuba a España.
comentario por Mijagui — Diciembre 30, 2008 @ 5:52 pm |
LISBOA + PORTUGAL
¡Hola!
Ya estamos en este 2009 de mala cara. Sin embargo, vuelvo a tu blog con los deseos de que, a pesar de todo, estos 365 días que han empezado a correr sean los mejores posibles. Seguiré visitándote, dentro, por supuesto, de mis posibilidades que no son muchas.
Así que te sigo y espero que lo hagas también. Muchas gracias.
Qss Abz
««««»»»»
Este texto es estandarizado para que pueda llegar a todos los Amigos. Espero que lo aceptes.
hantferreira@gmail.com
NB – Si vienes a Lisboa te invitamos, mi mujer y yo a una cena en una casa de fados. ¡Dale! Fíjate: estuvo en 122 países… y
comentario por Henrique Antunes Ferreira — Enero 2, 2009 @ 9:08 pm |
Vaya historia la de este hombre… le debió mirar un tuerto, o una vejiga enfadada. Por cierto, ¿volverás algún día a clase? xD
ciao
comentario por Lucía M. — Enero 3, 2009 @ 9:33 pm |
Me ha gustado la historia; como te puedes imaginar, especialmente, la partes truculentas, ya sabes, es mi naturaleza. Tu prosa sigue ganando enteros.
Un beso, guapetón.
comentario por Insomnia Delirata — Enero 12, 2009 @ 4:35 pm |
[...] de sufrir una perotinotis, gloriosa enfermedad que nos brindó los poéticos cadáveres de Brahe y Victoria Rappe, por [...]
Pingback por Muertes estúpidas de mentes privilegiadas « Ser idiota o parecerlo — Enero 21, 2009 @ 3:23 am |
Qué blog tan bueno.
¿Quién es el de la derecha de la foto de LEgados y…?
comentario por Sir Alsen Bert — Febrero 10, 2009 @ 11:08 pm |