Filosofía y frutas: una mágica ecuación que nos ha dado grandes satisfacciones a los espíritus inquietos que lejos de conformarnos con cubrir nuestras necesidades primarias, cultivamos el conocimiento y gustamos de la meditación y el estudio. Cuestiones de importancia trascendental como el libre almendrío, la ya clásica naranja de Occam, el estado de cereza filosófica del que tanto dudaron los escépticos, por no mencionar a los sabios alquimistas en busca de la pera filosofal, han despertado nuestro más apasionado interés y nos han ayudado a responder a los grandes interrogantes de nuestras, en ocasiones, atormentadas almas. Pero (ay) cualquier dicha es efímera, las parcas siguen hilando en su rueca infernal y mientras nos recreamos con nuestras insignificantes frutas como cerdos en el lodo, la muerte planea sobre todos nosotros y puede lanzarse en picado en cualquier instante. Es más, lo hará.
Por eso y porque la historia de la humanidad ha sido prolija en vidas insulsas, que han dado como resultado muertes idem, creía necesaria esta galería de muertes estúpidas de mentes privilegiadas. La belleza universal, la que resiste a cánones estéticos pasajeros y moralidades con fecha de caducidad, es la de lo disparatado, lo imperfecto y lo absurdo. Toda esta lista de cadáveres torpes, irracionales y esperpénticos tiene como fin animaros a añadir el vuestro propio a la pirámide que la historia construirá algún día con todas estas muertes insensatas. Que los humanos que hayan destacado prediquen con su ejemplo y sus muertes sean el molde de las piezas con las que se construya. Da igual si las generaciones futuras nos colocan en los cimientos del edificio o en la cúspide, nuestras anécdotas pervivirán en un monumento imaginario a la estupidez humana, eso que ni los ingleses de la Edad Media nos pueden quitar y que los de los 70 tan bien aprecian.


