Qué clase de monstruosidad es esa de disfrutar con la muerte ajena. Quien, como nosotros, aprecia la belleza retorcida del señor de la guadaña, ha abierto una brecha fatal entre él y el resto de la sociedad. Se empieza riéndose de una muerte deliciosamente cruel y absurda, y se acaba robando, fumando demasiados porros o pasándose con la bebida y faltando a las sagradas reglas de la educación y la convivencia pacífica. Nada para el que queda subyugado por el encanto superficial de las muertes anecdóticas tiene importancia y los años que resten hasta la suya propia serán una espiral descendente de autodestrucción, verdades relativas, sexo sin amor, palabras malsonantes y comportamiento peligroso en general. Quién sabe si manejado por los hilos invisibles con los que la muerte controla a sus marionetas, no acaba asesinando a pobres inocentes pisándoles el dedo gordo del pie o impidiendo que la víctima de su oscura ofrenda a la parca vaya al cuarto de baño a mear tranquilamente.
Dicho esto y sabedores de que somos los hijos predilectos de Mefisto, los lacayos de la desesperación y el hastío, los integrantes más despreciables de una larga estirpe de sádicos que comenzó con la risa enferma de la serpiente cuando persuadió a Eva de que mordiese el fruto prohibido, seguimos con la lista de gente que la diñó en bizarras circunstancias.

Esquilo Siempre he preferido al cine al teatro porque en el segundo no hay zooms ni cambios de encuadre: todo ocurre en un soso y uniforme plano general. Pero donde el teatro no resiste ni un asalto es cuando se le compara con el vídeo doméstico. No hay forma de rebobinar ni de hacer fast- forward, no se puede detener la función cuando es necesario ir al WC a comulgar con la naturaleza, y si una actriz tiene un alegre descuido que revela las partes más rosadas o las más negras de su anatomía, no es posible congelar la imagen para masturbarse como monos. Consciente de esas importantes limitaciones, Esquilo llevó al teatro a las cimas más altas que los planos generales y la unidad de tiempo, acción y lugar permitían. La clave del éxito de Esquilo era una enorme calva que facilitaba una comunicación mucho más fluída con Talía y Melpómene que la que las musas mantenían con otros dramaturgos con pelo. Esa calva, la causa de su inmortalidad metafórica, sería también la culpable de su muerte real. Un quebrantahuesos arrojó desde las alturas una tortuga contra la cabeza de Esquilo, confundiéndola con una piedra por su lisura y brillo. No sabemos cómo quedó la tortuga después del infausto accidente, pero Esquilo murió al instante, sin dar tiempo a que un incuestionablemente afligido quebrantahuesos le pidiese disculpas.
Allan Pinkerton Es público y notorio que los conejos se desmayan después de eyacular. No obstante, también es un dato conocido que estas simpáticas criaturitas joden como si lo fueran a prohibir. ¿Qué ventaja evolutiva supone desvanecerse después del orgasmo? ¿Aumentar la esperanza de vida de los machos evitándoles el stress de tener que hablar y hacer cariñitos a la hembra después de correrse? Esta hipótesis es harto improbable porque los conejos no hablan, pero los desmayos se dan con cierta frecuencia en los humanos, la mayoría de los cuales sí habla y una mayoría aún más amplia no folla como los conejos. Un ejemplo perfecto de este inmenso conjunto de seres humanos de actividad sexual moderada y capacidad de comunicarse mediante el lenguaje fue Allan Pinkerton, también famoso por ser uno de los primeros detectives privados de la historia de EEUU y fundar la primera agencia de huelebraguetas del mismo país. Su vida trepidante y llena de peligros terminó de la forma más tonta. A finales de junio de 1884 resbaló en la calle y se mordió la lengua. Al igual que tantos otros cabezotas, se negó a ir al médico, se le infectó la lengua y en pocos días perdió tanto la capacidad de hablar que le distinguía de los conejos como la condición de vivo que sin duda disfrutáis todos los que estáis leyendo esto.
Pitágoras Cuenta la leyenda que este importante filósofo y matemático griego murió porque se negó a pisar un campo de habas. Para Pitágoras, las habas tenían alma, por lo que era un crimen dañarlas y uno mucho más grave comerlas. La evidencia demoledora que sostenía esta maravillosa teoría (y no me lo invento) son los pedos que genera su ingesta. Esos gases, para Pitágoras y para cualquier persona con un mínimo de sentido común, son en realidad el alma de las habas, que en su fuga anal buscaban un lugar más reposado que los intestinos humanos para gozar de su existencia inmaterial. Así pues mientras huía con sus discípulos de la invasión de los siracusanos a principios del siglo V AC, él y sus alumnos se encontraron con un campo de habas. Rehusó tajantemente pasar por allí, y antes de que le diera tiempo a rodear el campo de legumbres dotadas de almas, los enemigos le dieron alcance y lo mataron. A los filósofos de la antigüedad siempre les pasan cosas muy locas, como la naranja de Ockham, la taberna de Platón o Arquímedes y su hornillo sin fin, historias todas ellas que creo innecesario explicar aquí, pero que demuestran hasta que punto los filósofos son todos tremendos y nos invitan con su ejemplo a culminar con éxito nuestros respectivos proyectos vitales.
Kurt Gödel Cuentan que a una gobernadora de Texas de principios del siglo XX, fueron unos cuantos padres de alumnos a sugerirle que, dada la creciente población inmigrante de origen mexicano, sería lógico enseñar español en las escuelas. La respuesta de la gobernadora fue: “Si el inglés era lo bastante bueno para Jesucristo, entonces también lo es para los niños de Texas”. Teniendo que lidiar con un mundo así, es bastante comprensible que Kurt Godel se volviese loco. Este señor de gafas fue el autor de los Teoremas de la incompletitud , que afirman cosas que no entiendo, pero que fueron muy relevantes por razones que también se me escapan. De cualquier forma, si fuese capaz de contarlo, seriáis vosotros los que no os enteráseis de nada y al recordar a Gödel seguro que os vendría a la mente (en vez de las inteligentes demostraciones del matemático) la anécdota de la señora texana. Por eso la he puesto. Bien, continuemos. Gödel, como decía, estaba loco. Toda la vida sufrió problemas mentales, que se fueron acentuando con la edad. Sólo comía lo que le preparaba su esposa por miedo a que le envenenasen y cuando la hospitalizaron, Godel simplemente dejó de comer. Llegó a pesar 40 kg antes de morir.
PRÓXIMAMENTE ÚLTIMA ENTREGA DE LA SERIE
Wow. Estoy esperando con toda ansiedad la tercera parte :O
Comentario por Silvi — Enero 23, 2009 @ 6:14 am |
no volveré a comer habas jamás. Ni cacahuetes, que también me hacen ventosear.
Comentario por blogjob — Enero 23, 2009 @ 8:23 am |
¿Me podría explicar que es la naranja de Ockham? ¡Ah!, ya sé, de lo que hacen los zumos para los destornilladores de Movskowskaya que hace Platón en su taberna. Todo encaja como un jodido reloj suizo.
Creo que en el menú del día hoy hay sopa de quelonio “Esquilo style” con fideos de soja al buqué de algas. Y de segundo, Habas con almas caramelizadas con jengibre. Y de postre. De postre, melón.
Comentario por Mameluco — Enero 23, 2009 @ 1:07 pm |
menos mal que Pitágoras no conoció las alubias riojanas ni los nachos con queso ….
Comentario por raskolnikoff — Enero 23, 2009 @ 9:09 pm |
Muchas gracias Silvi. Yo también estoy deseando acabar, que creo que me estoy poniendo ya pesado
A mi lo que me pone sinfónico es la coliflor. Me entran sudores fríos de pensar qué opinaría nuestro amigo Pitágoras de las pedorretas vaginales.
La naranja de Occam (o de Ockham, como he escrito para parecer más snob) es una bella parábola filosófico-política que requiere más espacio del que dispongo y más gracia que la que tengo para explicarla con propiedad. Digamos que fue una contibución al conocimiento de la magnitud de la teutónica de placas o las strepsils de Kepler.
Comentario por socioapatia — Enero 23, 2009 @ 9:12 pm |
Mira en tu email, paddy
Comentario por socioapatia — Enero 23, 2009 @ 9:28 pm |
Había oído hablar de la navaja de Occam, pero no de la naranja…
Hay muchos que merecerían una muerte como la del señor Pinkerton, mordiéndose la lengua, por lenguaraces y bocazas, sobre todo entre la fauna política mundial…
Saludos,
Comentario por Morgana LeFey — Enero 23, 2009 @ 10:48 pm |
Usted no es pesado. De hecho debería escribir un post al día o así…
Y encima comentar en los blogs de sus amigos…
Comentario por Mameluco — Enero 24, 2009 @ 1:04 am |
Oye, teneis un problema. ¿Qué hay de raro con Occam y su naranja? Dejadle en paz al pobre.
Me han meneado y este post está teniendo muchas más visitas de las que mi vergüenza soporta. Socorro
Comentario por socioapatia — Enero 24, 2009 @ 7:59 am |
Curiosas muertes un tanto absurdas de las que no tenía constancia. (Creo que sólo había leído algo acerca de la de Pitágoras) Pero, sobre todo, genial forma de hacérnoslas llegar. Esos pequeños retales de humor no dejan a uno indiferente.
Un saludo
Comentario por rober88 — Enero 24, 2009 @ 7:45 pm |
Meneame Meneame Meneame Meneame
Enjuto Majamuto
Comentario por Mameluco — Enero 25, 2009 @ 2:47 am |
Te ha faltado decir la gran ventaja de la televisión frente al teatro: Nisiquiera al gran Esquilo se le hubiera ocurrido Gran Hermano, ni La Noria o Las tetas y los Paraísos.
A ver si ahora se va a poder comparar a un Esquilo cualquiera con el gran Sardà.
Comentario por sesenta y cuatro — Enero 25, 2009 @ 9:41 pm |
Muy buena esta entrega, me gustó más que la anterior.
Es un clásico, pero a la siguiente entrega no puede faltar Bob Marley!
Comentario por Feanor — Enero 26, 2009 @ 12:38 am |
jojo, naranja no, NAVAJA DE OCCAM!
salu3
Comentario por mematalimon — Enero 26, 2009 @ 7:31 am |
Este Kurt Gödel más que por loco, murió por inútil.
Vamos, que sabía por dónde caía la cocina de su casa.
Perfectamente podía haber seguido sus razonamientos de no fiarse de nadie, preparárse él mismo la comida y hubiera sobrevivido… aunque nos hubiéramos reído menos.
Digoooooo, hubiéramos reflexionado menos sobre la naturaleza humana.
Comentario por Loquemeahorro — Enero 26, 2009 @ 2:15 pm |
Me imagino que Kurt padecía de esquizofrenia con índices de paranoia.
Comentario por aby01 — Enero 26, 2009 @ 4:51 pm |
Me quedo con la intro sin dudarlo un instante.
Y la muerte de Esquilo… tremenda, lo que me he llegado a reir. Por cierto, lo de los conejos te apetecía contarlo eh?
Un saludo Nany O.B.
Comentario por Álvarö — Enero 26, 2009 @ 7:33 pm |
sesenta y cuatro: Ni siquiera a él. Perdedor que era
feanor: venga, va
mematalimon: Insisto, no sé que os pasa con las naranjas. Pedid ayuda o algo
Loquemeahorro: Hombre, tampoco comía en restaurantes ni en su casa. Me recuerda al suicidio de la prota de un libro del que ahora no me acuerdo “No comeré ni beberé nada que pueda preservar mi vida”
Aby01: No lo sé, no soy psicólogo.
Álvarö: En la wikipedia en inglés dicen que la tortuga SÍ sobrevivió pero no he conseguido rastrear tres fuentes independientes que digan lo mismo. Una lástima
Gracias a todos por comentar!
Comentario por socioapatia — Enero 26, 2009 @ 9:50 pm |
Me he acordado de que en Yo Claudio, al final de su vida, el emperador solo comía huevos, frutas y cosas así que pensaba que no podían ser manipuladas, porque sospechaba que podía ser envenenado. Claro que por lo que se ve, no andaba desencaminado el hombre…
pd. He corregido mi mail, que estaba mal.
Comentario por Loquemeahorro — Enero 27, 2009 @ 8:52 am |
el godel solo demostró que “la ciencia” tiene sus límites: que si seguimos sus reglas hay “verdades” que será imposible estar seguros de que lo son.
Comentario por nombre — Enero 27, 2009 @ 10:11 am |
jajajajaja Me ha impresionado, no sabía lo de Pitágoras. Sigue con post como estos, ya tienes una lectora mas
Comentario por charms&strange — Enero 27, 2009 @ 11:08 am |
[...] http://socioapatia.wordpress.com/2009/01/23/muertes-estupidas-de-mentes-privilegiadas-ii/ En: Curiosidades — Enero 27, 2009 [...]
Pingback por InterLink Headline News 2.0 — Muertes estúpidas de mentes privilegiadas (II) — Enero 27, 2009 @ 12:08 pm |
Loquemeahorro: Te recomiendo “Roma” que es igual de buena, pero hay mucho más folleteo y mucha más sangre.
Nombre: No sé, no creo. No lo he explicado para no meter la pata como (creo) que la has metido tú. Creo que Gödel hablaba de números naturales y de sistemas axiomáticos. No de que la ciencia tenga límites.
Charm&strange: He cotilleado en tu flog y seguro que nos puedes iluminar sobre Gödel, ese hombre tan chulo
Creo que eres la primera fan de ciencias que tengo. Todo un honor
Comentario por socioapatia — Enero 28, 2009 @ 9:23 am |
Muy grande Rabón Rotríguez con la serie que bien podría ser algo así como candidaturas a un premio opuesto a los premios Darwin y grandísimo Mameluco con la reinterpretación del artículo. Creo que os equivocáis todos con Occam,. A mí me enseñaron que era la rebaja de Oscar, que siempre tiraba por lo menos costoso. Esperemos con Platón a oscuras en su taberna a que alguien de luz al asunto.
Comentario por Mara — Febrero 6, 2009 @ 9:55 pm |